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MADRID, 14 (EUROPA PRESS)

El director de la Fundación Artemisan, Luis Fernando Villanueva, ha calificado de “absolutamente positiva”, “ambiciosa” y “bastante sensata” la redacción del borrador de la Estrategia Nacional de Gestión Cinegética por parte del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación y, aunque el texto le “suena como los ángeles”, espera que lleve aparejado un presupuesto “acorde” para que no se quede en “papel mojado”.

El representante de la entidad, de la que forman parte varias federaciones de cazadores, ha destacado a Europa Press la importancia de que se elabore una estrategia de carácter nacional dado que las transferencias en la materia están transferidas a las comunidades autónomas. “Cuando vienen extranjeros a cazar les parece increíble tener que sacar cuatro o cinco licencias y normas distintas, en función de las comunidades autónomas donde vayan a practicar”, comenta.

Villanueva defiende la actividad cinegética como “necesaria” y apuesta por una mayor coordinación y, aunque califica de “ambicioso” el borrador, anuncia que Fundación Artemisan presentará alegaciones en esta fase de información pública –abierta hasta el 2 de febrero– para que, entre otras cuestiones conlleve una dotación presupuestaria acorde con las medidas que plantea.

Así, añade que la propuesta contempla actuaciones para problemas concretos que necesitan una evaluación global, como las especies de aves migratorias y otras más sensibles como la tórtola europea.

No obstante, vaticina que habrá “sectores y líneas del ecologismo más radical que pondrán sobre la mesa sus argumentos contrarios a la caza”. Preguntado por el desapego de la opinión pública respecto a la actividad, admite que el sector “no ha asumido hasta hace 10 o 15 años que había un movimiento social del animalismo que ha venido a radicalizar incluso a las asociaciones ecologistas más sensatas”.

En ese sentido, reconoce que los cazadores “no han hecho mucho para externalizar la importancia de la caza desde el prisma social y ambiental” y celebra que ahora el Gobierno quiera ahora cambiar esta percepción, especialmente en el mundo urbano que “desconoce” que el 85 por ciento del territorio de España está gestionado por cazadores y la mayoría en manos privadas.

A su crítica a las ONG ecologistas añade que “creen haberse adueñado de la conservación pero viven en Madrid”, mientras quien gestiona y conserva está en el campo, al tiempo que imputa a los cazadores parte del éxito de la recuperación del águila imperial ibérica y del lince ibérico.

No obstante, Villanueva discrepa de la afirmación del borrador de estrategia que atribuye a los cazadores mayor nivel intelectual. “En absoluto: No opinamos de ese modo, ni el cazador, ni el pescador, ni el que vive en Madrid puede tener más o menos nivel intelectual”, afirma tajante, igual que desmiente de forma contundente la “imagen” de que la caza sea practicada por personas de un perfil político determinado o un mayor nivel económico. “Es un absoluto disparate. Precisamente la mayoría de la caza es social y menos del 10 por ciento correspondería a ese segmento”, apostilla.

Villanueva considera que muchos pueblos viven porque existe la caza y porque es un modo de vida y, en numerosas ocasiones un recurso complementario a la renta económica.

Por otro lado, sobre el tratamiento que da el texto a las rehalas, con una normativa ‘ad hoc’ diferenciada del anteproyecto de ley de derechos de los animales que prepara el Gobierno explica que “no se puede comparar a una mascota con los animales auxiliares de la ganadería o los perros de rehala” y por eso precisa una normativa diferenciada.

“Estamos a favor del mayor bienestar animal y de normas acordes al siglo XXI que protejan y aseguren dicho bienestar. Pero otra cosa es dotar de derechos a quien no tiene obligaciones”, aclara.

En defensa de la capacidad de gestión y conservación de especies como la tórtola o la codorniz celebra que la estrategia promueva el conocimiento científico y una monitorización de las poblaciones para su regulación y ha precisado que uno de los proyectos de Fundación Artemisan cuenta con 1.200 personas haciendo censos en el campo. “Los primeros interesados en que haya ejemplares y las especies no desaparezcan somos nosotros. El cazador del siglo XXI es conservador”, añade Villanueva, que confía en que eso puede ser solucionado con la nueva estrategia.

Aunque afirma que la estrategia “no va a influir” en la decisión jurídica respecto al fin de la caza del lobo en España el representante del sector “no da por perdido” que la especie pueda volver a ser cinegética porque, en su opinión, es absurdo que las administraciones paguen por que no se cacen determinadas especies así como en el conjunto de los Parques Nacionales, para después pagar a empresas o a agentes por gestionar poblaciones en esos mismos enclaves.

“El control de poblaciones sigue siendo necesario porque la sobre-densidad provoca perjuicio a la flora y la fauna”, insiste Villanueva, que critica prácticas “habituales” en Parques Nacionales como extraer animales metiéndolos en capturaderos y una vez ahí matar a todos. “Nos parece una aberración y ocurre en Cabañeros o Monfragüe”, denuncia.

ALEGACIONES

Así, ha adelantado que Fundación Artemisan presentará un conjunto de alegaciones al borrador de estrategia porque “no tiene presupuesto” aparejado por lo que de momento, avisa que es una “declaración de intenciones”. Además alegará el planteamiento del modelo de certificación cinegética porque tiene aspectos que les preocupan.

Asimismo, considera que el borrador adolece de un enfoque transversal con el Ministerio para la Transición Ecológica y Reto Demográfico en lo relativo a reconocer a la caza los servicios ecosistémicos que genera y para que la gestión del hábitat que realizan los cotos pueda ser susceptible de pago por servicios ambientales y ser objeto de proyectos de compensación de emisiones de gases de efecto invernadero por parte de empresas. “Esas medidas incentivarán la inversión en conservación”, opina.