Itálica fue diseñada como “epicentro religioso” y tenía su propia “carrera oficial” para cortejos y desfiles

SEVILLA, 2 (EUROPA PRESS)

La ampliación urbanística promovida por el emperador Adriano para la antigua ciudad romana de Itálica, patria de la familia del citado mandatario y ubicada en el actual municipio de Santiponce (Sevilla), fue diseñada para convertir al enclave en un “lugar de peregrinaje” y “epicentro” de celebraciones religiosas como procesiones, sacrificios de animales o competiciones deportivas; contando con una suerte de “carrera oficial” para los cortejos y desfiles ceremoniales, según el profesor de Historia Antigua de la Universidad Hispalense Fernando Lozano Gómez.

El profesor Fernando Lozano ha protagonizado recientemente una conferencia titulada “Itálica. Una ciudad en fiestas”, en el marco del V Foro Permanente “Itálica En-clave de Patrimonio Mundial”, impulsado por el consejo asesor de la candidatura de dicho recinto arqueológico a la declaración de Patrimonio de la Humanidad, como instrumento de divulgación científica sobre los valores de este antiguo asentamiento romano fundado por Publio Cornelio Escipión ‘El Africano’ allá por el año 206 antes de la era actual.

Mientras el consejo asesor de la candidatura está ya inmerso en la segunda fase de la confección del formulario de inscripción del recinto en la lista del Patrimonio Mundial, un documento “clave” para defender el proyecto ante la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco); el profesor Fernando Lozano ha explicado en su ponencia que “en el mundo antiguo, no existe comunidad sin religión” y en el caso de la cultura romana, “siempre” hubo celebraciones de índole religiosa para “honrar a los dioses patrios”.

EL PAPEL DEL TEATRO

A tal efecto, Fernando Lozano ha expuesto que tras el periodo republicano, la “apertura” de la era imperial trajo consigo para Itálica la construcción del teatro en una ladera del cerro actualmente nominado como de San Antonio, un recinto levantado durante la etapa del emperador Augusto y con capacidad para unos 3.000 espectadores, encuadrado en la ‘vetus urbs’, es decir el núcleo urbano italicense previo a la ampliación promovida durante la etapa del emperador Adriano (117-138 de la era común), de la que deriva el actual conjunto arqueológico de Itálica.

El recinto del teatro, según este profesor de Historia Antigua, estaba “claramente orientado a la celebración de festejos religiosos” dado su “tamaño” y carácter “colosal”, aspectos que a su entender proyectan “comunidad política y religiosa”. Del mismo modo, ha recordado “los altares” recuperados del enclave escénico e incorporados a la colección del Museo Arqueológico de Sevilla, actualmente cerrado de cara a su esperado proyecto de reforma y modernización.

Especialmente, ha mencionado los epígrafes que reflejan la construcción inicial del recinto a cargo de tres magistrados municipales, a la sazón primeros sacerdotes del municipio instituidos para el culto a Augusto, algo que refleja “claramente el ámbito religioso” de este espacio, que además no era abierto al público “todo el año”, sino “con motivo de celebraciones” en honor a “alguna divinidad” o festejos consagrados a los césares.

LA AMPLIACIÓN ADRIANEA

A continuación, el profesor Fernando Lozano ha señalado el periodo de “máximo esplendor” de Itálica durante la etapa del emperador Adriano, cuya familia procedía de este municipio al que él mismo concedió el rango de colonia, promoviendo además la expansión urbana que constituye el actual conjunto arqueológico que guarda las ruinas de esta antigua y emblemática ciudad romana.

Al punto, Lozano Gómez ha defendido que “la propia ampliación urbanística y monumental” de Itálica, fruto de “la voluntad imperial secundada por los próceres locales”, fue ideada en gran medida para convertir a la ciudad en “un lugar central en el plano religioso, un lugar de peregrinaje de ciudadanos más allá de la provincia” Bética y “epicentro de fiestas religiosas como procesiones, sacrificios o competiciones, consagradas a los dioses romanos, especialmente a los dioses imperiales”.

Tales ceremonias, según este profesor de Historia Antigua, eran celebradas en los grandes edificios públicos de la ciudad, es decir el mencionado teatro, el espectacular anfiteatro, con capacidad para unos 25.000 espectadores y un santuario dedicado a Dea Celestis y Némesis; las termas mayores, que comprendían un complejo de más de 32.000 metros cuadrados incluyendo una gran palestra que permitía ejercicios físicos y hasta pruebas ecuestres; y el templo de Trajano o ‘Traianeum’, dedicado al culto al antecesor de Adriano, de casi 10.000 metros cuadrados de superficie e hito arquitectónico de la ‘nova urbs’ de Itálica.

LOS DESFILES PROCESIONALES COMO “ELEMENTO VERTEBRADOR”

A tal efecto, ha considerado que “la organización tradicional de las fiestas romanas determinó los edificios” promovidos en Itálica durante la etapa de Adriano, así como la propia “forma de la ciudad”, extremo que le ha llevado a reconocer “la importancia” de los sacrificios de animales en las celebraciones religiosas de la antigua Roma, pero poniendo de relieve que “el elemento vertebrador de la fiesta es la procesión”, algo “fundamental y crucial” en tales festejos.

A tal efecto, el profesor Fernando Lozano ha señalado la “centralidad” que ocupa el templo de Trajano en el diseño de la ampliación urbanística de Itálica, así como la “fácil unión” entre el mismo, el teatro, el anfiteatro y las termas, en lo que a la trama urbana se refiere y las “grandes avenidas porticadas donde los habitantes podían aguardar a la sombra la llegada de los cortejos”, pues no en vano esta antigua ciudad romana cuenta con calles de hasta 16 metros de anchura.

Es decir que Itálica contaba con “avenidas diseñadas para facilitar el trasiego de los cortejos imperiales”, un “trasiego perfectamente organizado” según el cual los desfiles procesionales “transcurrían por unos sitios fijados, parando para honrar a distintas divinidades a lo largo de la ciudad”.

Destacando las “numerosas paradas” que contemplaría este “trasiego” estipulado para los desfiles y cortejos religiosos, el profesor Fernando Lozano ha manifestado que el mismo funcionaría, según sus propias palabras, como una suerte de “carrera oficial”, en alusión al recorrido obligatorio implantado en muchas ciudades para las procesiones de Semana Santa.